El domingo pasado estuve en el festejo número 99 de mi abuela. Es una mujer con una historia impresionante y muy avanzada para su época. Se casó, se divorció, se volvió a casar y a divorciar y luego nomás se arrejuntaba. Todo eso en los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado; es decir cuando eso estaba prohibidísimo. Trabajó en miles de lados y en miles de países (bueno no miles, pero sí muchos). trabajó en la construcción del tren que va de Baja California a Sonora, en el desierto de Altar, que es más que inhospito y trabajó en condiciones inclementes. En cambio le tocó también estar en la embajada mexicana en Washington y pasársela muy bien.
También tuvo su lado malo; tuvo tres hijas que siempre estuvieron solas (por lo menos las dos mayores), al cuidado de familiares que velaban por ellas mientras su mamá andaba de pata de perro. Eso a la larga ocasionó broncas y dolores que aún no se quitan.
Ahora mi abuela está en una silla de ruedas y ya no sabe claramente quién es quién, aunque todavía disfruta la fiesta, uno que otro vodka, en fin, no lo pasa tan mal. Supongo.
25 de enero de 2011
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2 comentarios:
El tiempo es sabio. Hace con que olvidemos nuestros errores de toda una vida para permitirnos ser lo que efectivamente somos.
Viva la abuela!!! :D
Ooh my gosh, well look who's back! Cansada de leer las paginas que checo cada que estoy en linea, me puse a hacer memoria de que carajos era lo que leia antes... And there you go, I'm peeping again! :) Felicidades con tu petit antropomorphius y suerte en este 2011... Hmm, ya no me asusta lo rapido que pasa el tiempo.
Saludos!
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