Yo llegué a la universidad a la carrera de Ciencias de la Comunicacion, por supuesto fantaseando en incorporarme al mundo de los medios de comunicación. Entonces a todos los que entrábamos a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales nos recetaban tres semestres de tronco común, en donde descubrí la sociología. Ya después durante la carrera me di cuenta que yo no tenía nada que hacer en Comunicación y decidí hacer Sociología como carrera simultánea.
Terminé ambas carreras y desde entonces mi campo laboral se ha orientado definitivamente a lo social, a generar propuestas y pensar (aunque eso es complicado desde la administración pública, pero sí se puede) estrategias y alternativas para hacer mejores acciones de atención, es decir a algo que por lo menos se parece al campode trabajodel sociólogo.
El problema fue que nunca me titulé de ninguna de las dos carreras. Prácticamente terminando consegí trabajo, y como cuenta B. Traven en El barco de los muertos, me fue prácticamente imposible rechazar el ofrecimiento aunque no fuera nada tentador.
Desde entonces nunca he estado sin trabajo... y conforme me fui aburguesando (creo que esa palabra ya no se usa) se fue haciendo cada vez más inútil obtener el título profesional.
Pero siempre está la vocesita que corre a tu lado molestándote, a la que por fin decidí escuchar; así que de una vez me decidí a regresar a lidiar con la engorrosa burocracia universitaria y concluir con el proceso de titulación. Si mi asesora dice verdad estaré con el título en la mano para mediados del año pasado (gracias a que ya tenía la tesis prácticamente terminada), siempre y cuando pueda sortear indemne la temible revisión de estudios, en donde te dicen si en algún lejano año algún burócrata se equivocó al teclear y escribió mal algo.
Pero estoy feliz, muy feliz por eso.
Adiós
11 de diciembre de 2006
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